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VerdeMarte en Jackie O

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Hace muy poco abrió un elegante bar- restaurante en el moderno complejo Arena Maipú. Se llama Jackie O y varias bandas de distintos estilos musicales ya han pasado por ahí. Tiene un amplio escenario, ofrece una excelente carta de vinos, cervezas, tragos y deleitables platos para comer. El domingo pasado después de votar el lugar se llenó de gente para ver a VerdeMarte, una de las nuevas propuestas del rock mendocino cuya fuerza y coraje sobre el escenario quedaron más que demostrados.

Un tranquilo arpegio oscuro cargado de suspenso comienza a sonar y lentamente la canción se va poniendo más densa y pesada, suenan truenos y una tormenta parece que se va a desatar cuando las guitarras explotan ruidosas bajo efectos difíciles de explicar. El canto de Nacho Bustos (voz, teclado y guitarra) es un hermoso lamento, tiene potencia y entona a la perfección. “La canción que acabamos de tocar se llama Ya no soporto la idea de más y habla de la idea que nosotros tenemos de la libertad” dice Carlos Bustos (bajo y voz).

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El siguiente tema en sonar es Gigante y la distorsión nos sacude y nos arroja a las tinieblas. La letra tal vez es la historia de alguien que le ruega a alguien que no se dé por vencido/da: “Sé que tienes mucho para dar, que no muera tu alma”. Y el teclado suena en una fantasmal cámara lenta.

En Ciudad enferma se juntan tres guitarras eléctricas donde destacan los minuciosos arreglos que parecen ser infinitos. En Ángeles drogados el final es sorprendente ya que crea una atmósfera galáctica que nos envuelve en sonidos de cristales que se trizan con la intensidad con que se triza el hielo.

Hasta ese momento VerdeMarte había generado un clima espeso, sentía que mientras los músicos tocaban me iba hundiendo lentamente en un pantano, como si estuviera bajo el efecto de alguna extraña sustancia. Pero de repente llegó el turno de Simple Canción, en este tema Carlos agarra el charango y Ramiro Conalbi (guitarra) se cuelga el bajo y folclore y rock comienzan a fusionarse mientras Federica André (batería) marca el tempo como si tocara un bombo legüero.

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Nos vamos acercando al final y arranca Forma imperfecta cuya introducción me recuerda a un tema de The Killers. Llega la parte del solo y  Juan Pissolito (guitarra) nos deja con la boca abierta, parece un Graham Coxon endemoniado y nos entusiasma con un punteo histérico y nervioso de atractiva variación melódica.

Se despiden con Juego de luces que manifiesta claramente la actitud y la locura de la banda. El público aplaude y pide otra, entonces suena Sólo como sé, en la que Nacho toca la armónica y Ramiro estira las cuerdas de su viola de tal manera que parece que van a cortarse en cualquier momento. Y la última es Tío Luis, tal vez la más pegadiza de todas sus canciones, la más simple, la más cándida y la más popera, cuyo tono trae a la memoria algunos de los hits de la primera época de los Beatles; el teclado tiene un simpático aire blusero y las guitarras entran en un rock más clásico en comparación con la mayoría de sus canciones. La letra es genial e ironiza sobre una relación familiar, la adopción y un amor que fue ocultado y que luego vio la luz.

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Sin lugar a dudas VerdeMarte expuso sinceramente su particular estilo, que se expresa en las distintas partes de cada canción, entre quiebres y altibajos, pasajes a veces más suaves, otros más bruscos y explosivos. Creo que es una banda que atrevidamente rastrea las zonas de influencia del rock alternativo de los noventa y el rock moderno actual. Son buenos músicos, tienen buenas letras y además te llevan de viaje de lo trágico a lo cómico en menos de una hora.

Por Martín Reynals

PH: Pablo Donna