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Una noche a todo rock en Amsterdam

Una buena cantidad de jóvenes, movidos por la nueva escena del rock mendocino, se reunieron en Amsterdam, un espacio dedicado a rendir culto al rock.
Poco a poco fueron llegando, muchachos y muchachas, curtidos en onda,  chaquetas de cuero, de jean y camisas largas y modernas, y se fueron acomodando, buscando su espacio para compartir, en el piso, en los sillones, en una banqueta junto a la barra, hasta que el llamado a bajar al sótano del rock se hizo escuchar.

Francis Samallman

La primera banda en sonar fue Vech, cuarteto clásico de rock (dos guitarras, bajo y batería), integrada por Boris, Facu, Atu y Rama un grupo conformado por músicos “adolescentes” de una madurez descomunal, tanto para tocar sus instrumentos como para componer grandes canciones dentro de ese indie alternativo tan en boga hoy en día entre las juventudes rockeras. Las canciones dotadas de muy buenos arreglos y constantes cambios de ritmo y repentinos quiebres melódicos, hicieron bailar  y saltar y cantar a no solo a los seguidores de la banda, sino también, a los que la escuchaban por primera vez.  Gatita fue el tema más coreado, sutil y melancólico, bello y profundo, una composición que sin lugar a dudas mora en el corazón de la banda y recorre las venas hasta buscar la salida menos vulnerable por esa herida que suelen dejar los amores de la juventud. 


Luego llegó el turno de Francis Samallman quienes pasaron fugazmente por el escenario, apenas tocaron cuatro canciones, sin embargo dejaron su sello marcado a fuego con canciones como In my mind o Come along with me de la autoría de Flor Mur Bernocco, cantante y guitarrista del conjunto musical. Ambas canciones recuerdan un poco a Kim Deal, van al hueso, son sencillas y directas, tiernas y pegadizas. No caben dudas que Flor es una hitmaker de una gran sensibilidad. 

Flor Mur Bernocco

Black Noise Machine cerró la noche con un largo repertorio de canciones de mucha fuerza y garra, a veces un tanto melodramáticas y otras veces, más eufóricas y trémulas. El trío integrado por David Salomón en guitarra y voz, en la batería por Buffön Bordon y en el bajo por Guille Aldao, abrieron lentamente la rendija del alma para liberar la oscuridad que hay adentro. Con su rock de garage, post-punk, post-grunge, incendiaron el pentagrama mediante canciones de una estructura muy abierta con largos pasajes instrumentales que te van llevando por una suerte de locura insólita y un éxtasis jadeante. White noise cuya letra dice: “Night after night it doesn´t feel strange/ Night after night it makes no sense/ But it was worth somehow… tocada a un ritmo vertiginoso no solo te eriza la piel sino que te sacude y te sumerge en un sueño del que es difícil despertar. Escuchar a BNM genera una dosis fuerte de adrenalina en el cuerpo, desnuda la sombra que nos persigue y genera una belleza enorme desde la tristeza inherente, arraigada al ser. Para resumir su música suena potente, clara, oscura y vibrante. 
El trío tocó mucho más de lo que había en la lista de temas, se transpiró todo y además de presentar una nueva canción, le rindieron homenaje a Nirvana con una improvisada versión de I´m on a plain a pedido del público.