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UN VIERNES DISTINTO EN EL QUINTANILLA

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Noche de viernes. Lejos del ruido bolichero que suelen tener algunos bares mendocinos que ofrecen sus tablas a los artistas locales, el Teatro Quintanilla luce como un living confortable para recibir con clase y buen sonido, a las casi 100 personas que asistieron para ver a estos tres cantautores.

El primero en subir es Un Tal Juan Pez, quien parece tener cientos de mares recorridos y nos deslumbra desde el comienzo con su imponente voz. Dueño de una riqueza armónica digna de pocos, Juanjo y su mágica guitarra suenan como un sueño hecho realidad. Paso a paso canta en inglés, y rockea con rasguidos feroces que simulan un trío de guitarras poderoso. Nos convence desde el principio, suspira y sigue cantando con soltura mientras sus notas nos hacen figurar una bestia que mezcla a Eddie Vedder con Matt Berninger, cantante de The National. En el medio nos regala una versión exquisita de “So long Marianne”, de Leonard Cohen, y encrespa nuestro viernes con una pieza de Massive Attack. Dice que lo tildan de banda boutique, pero a él no le importa. Para el final, arpegia, puntea, se graba y desarma la guitarra hasta que llama al escenario a Anita y Candela, quienes ofrecen en clave flamenco un homenaje al español que está por entrar en escena.

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Es el turno de Alberto Montero. Dos discos editados para el español que ataca de entrada con suaves disparos de guitarra acústica. Acompañado por un japonés en la eléctrica y un bajista que corea cada uno de sus versos, las canciones parecen recién salidas de un fogón nostálgico, aunque de a ratos suenan a un folk del lejano oriente. En la ciudad sin sombra, en el camino, sus lamentos llegan como una manada de árboles. “La noche ha sido larga”, canta con tristeza absoluta, y cuando todo parece un sueño, su show termina para dar paso a Mariana.

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Vestida de negro, Paraway pinta desde el principio la esencia de un nuevo color, el “negro angelical”. Arpa de por medio, la cantante abre el show con una escalofriante canción de un disco que todavía no grabó, pero que ya pinta para imperdible. Al rato se le suman Carmen Nicotra en violín, Lucca Beguerie en percusión, e Iván Rivas en violoncello. Suenan “Chanson Nº 1”, “Costurerita”, “Bla bla bla”, y los ruidos de juguete nos acercan al final. La plegaria en francés llamada “Desenlazo”, sirve de frágil enlace para llegar a “Horses”, que levanta la noche como una marcha triunfal. Antes del cierre, afina su charango, habla con el público y nos ofrece otra nueva y dulce canción. El final es con “Tú no eres para mí”, cerrando con grandeza, uno de sus mejores shows de los últimos tiempos. “Salut”.

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Por Juan Pablo López

Ph: Jerónimo Frustaglia