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Sobre los discos de Rock’N Roll

No cabe duda que leer ese libro sobre  los 1001 discos que hay que escuchar antes de morir puede resultar una tarea fascinante. No sólo aprenderíamos sobre la historia del rock ´n roll sino que podríamos convertirnos en una enciclopedia viviente del rock.  Ahora bien, ¿acaso lo más lindo no es esa situación que se genera cuando un amigo nos recomienda o nos regala un disco?

Decía Gabriel García Márquez que cuando escuchamos un disco o leemos un libro que realmente nos deslumbra, nos atrapa e hipnotiza, nuestro impulso natural es ir y contárselo a alguien. Entonces, ¿para que comprar un libro que nos diga qué escuchar? Quizá lo mejor sea que cada uno escuche sus propios “1001” discos antes de morir.

Cierto es que hay discos esenciales, casi ineludibles. Sin embargo, es difícil saber cuántos disco puede escuchar una apersona en su vida, a sabiendas de que el destino es más inevitable ya que en algún momento hemos de perecer aunque creamos y experimentemos como decía Spinoza, que somos eternos.

Quizá sea mejor que los discos lleguen a nosotros de alguna u otra manera, dejar todo librado al azar, entrar a una disquería y dejarnos llevar por la intuición, por el arte de tapa de algún disco, o un breve comentario de una revista de rock.

Si bien ya poca gente compra discos físicos, se habla hace un tiempo del resurgimiento del vinilo, aunque, lo cierto, es que no son nada accesibles. Para mucha gente internet es su nueva discoteca infinita. La forma de hurgar en el mundo de las melodías ha cambiado y seguirá cambiando hacia lo inimaginable.  Para los nostálgicos el disco físico continuará siendo irreemplazable y tal vez  sea el mejor obsequio para un amigo en el día de su cumpleaños. Por otro lado, el inmortal ciberespacio de discos permitirá por años a los melómanos descubrir y toparse mediante un click involuntario con bandas del under de un lejano continente cuyos discos no están en las disquerías y tal vez nunca lo estén.

Con el paso del tiempo cada uno va escuchando lo que quiere y cuando quiere. Con el paso del tiempo uno va armando su propia discoteca que es lo mejor que nos puede pasar. No existen los discos obligatorios, y tampoco tiene sentido escuchar un disco que nos parezca horrible porque alguien diga que es una obra maestra. Tampoco tenemos la obligación de conocer todas las grandes bandas porque, en realidad, todo el tiempo están surgiendo grandes bandas. La historia no solo la escriben los que “triunfan”.