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Skay y Los Fakires en el Bustelo

Skay Belinson-23El Domingo pasado Skay llegó para sacudir y hacer levantar vuelo a más de 2.500 personas. Llegó para hacer llorar su guitarra una vez más. Llegó y trajo su hermosa poesía, sus historias de navegantes, perdedores solitarios y mariposas que viajan hacia el sol y mucho más.

Comenzó cantándole al astro plateado. La Luna en Fez es el primer tema en sonar y nos transporta a Marruecos mediante una fusión de rock y sonidos árabes magistralmente ejecutados por el tecladista. Territorio caníbal nos marea, perturba, asusta. “¿Cuánto tiempo hacía?” perguntó Skay. “Nos vamos rumbo a Katmandú” y nos fuimos sin frenos a viajar por la melodía de Tal vez mañana.

Después de tocar Arcano XIV los músicos se retiraron del escenario. A los diez minutos volvió Skay, pero sólo. Se colgó la guitarra acústica y nos deleitó con dos mágicas canciones Boggart blues y Entre el cielo y la tierra. Luego dijo: “Adelante Los Fakires…” y los fue presentando uno por uno: Claudio Quartero (bajo), Javier Lecumberry (teclados), Oscar Reyna (guitarra) y el Topo Espíndola (batería). Entonces, volvió el rock crudo y los increíbles solos de guitarra de Skay y los riffs pegadizos y electrificantes.

Skay Belinson-15Si bien Skay vino a Mendoza para presentar su quinto disco de estudio desde que se separaron Los Redondos, que se llama “La Luna Hueca”, repasó temas de toda su carrera solista como los nombrados más arriba.

De su nuevo trabajo discográfico tocó varias canciones y comentó brevemente antes de rasguear la guitarra de que se trataban o al menos los nombró. Esos temas son: Falenas en celo, Cicatrices, La historia del jinete, El redentor secreto y Ya lo sabes del que dijo: “Es un tema nuevo que habla de un lugar especial donde se besan el cielo y la tierra”.

Flores secas fue otra de las canciones que estuvo en la lista y también Astrolabio, cuyo estribillo  puede hacernos recordar a Sweet Jane, aquel gran tema que Lou Reed compuso cuando era parte de The Velvet Undergorund en los sesenta.

El sonido funcionó a la perfección, el juego de luces fue alucinante, el público no paró un segundo de corear y agitar sus cuerpos durante todo el recital. Pero fue ya sobre el final cuando el auditorio comenzó a temblar. Todos los cuerpos pegados formando uno solo saltaron sin parar cuando Ji ji ji exaltó los tímpanos ricoteros. Las banderas de los fanáticos flamearon intensamente y el ambiente se tiñó de misticismo.

Sin embargo había algo más. Una canción. Un hit. Tal vez el más bailable de los que ha compuesto Skay durante su carrera solista: Oda a la Sin Nombre.

Fue un espectáculo entretenido, divertido, un concierto liderado por un Skay que ya hizo historia y sigue haciéndola, un Skay acompañado por músicos que juegan en primera, un Skay que una vez más nos dio de comer de su fruto, de un huerto que hace mucho plantó.

Por Martín Reynalds / Ph: Pablo Donna