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Roger Waters. Un show que no se puede contar con palabras.

Por Jerónimo Frustaglia

"In the flesh", comenzaba a cumplir el sueño

Para intentar describir lo que fueron los shows de Roger Waters en Argentina, tenemos que entender que no es un recital, no es un concierto, no es una ópera rock, no es algo que realmente tenga un nombre para describirlo. Es un concepto nuevo de megashow que deja boquiabierto a toda persona con un 3% de sensibilidad. Sin necesidad de ser fanático de Pink Floyd o del mismo Roger, hay que comprender que la magnitud del show no tiene palabras para explicarlo, no hay video de YouTube que pueda contar con imágenes lo que vive una persona que lo vio en vivo, y me arriesgo a decir que ni el mismísimo DVD que están preparando de esta gira, lo va a poder hacer.

Empezaba a construirse la pared que vamos a recordar toda la vida

Roger Waters trajo un show histórico que se multiplicó por 9 en Argentina, donde cada persona que asistió va a tener la misma escasez de palabras que tengo yo para poder dimensionar lo que no tiene forma de describir.

Fueron cataratas de shows compuestos de forma tal que, para los que jamás vieron el show original de Pink Floyd de principios de los 80 o la repetición en conmemoración de la caída del muro de Berlín en 1990, gran parte transcurre detrás de una pared que se va formando a medida que va sonando la primer parte del disco “The Wall”. Claramente no es una pared convencional. Se compone con ladrillos que a medida que van cubriendo el espacio libre van formando parte de una pantalla 3D de 130 m2 que confunde la realidad con lo surrealista.

“The Wall” transcurre obviamente en el orden que correspondía, donde desde el primer tema, In the flesh, empieza a marcar un camino de sorpresas con un avión estrellándose contra el escenario. Se trata de una maqueta tamaño real de un avión viejo de guerra que por efectos de sonido y visuales, hacen creer que rompió parte de la pantalla. Casi sin pausas el show transcurre mostrando partes de la película homónimo del disco, que tiene un claro mensaje antibélico en homenaje a todas aquellas personas que han sido víctima de las guerras. Dentro de un show que no para de sorprender por tecnología y puesta en escena, en The Happiest Days of Our Lives, aparece el famoso maestro para darle inicio a la afamada canción que conmovió al planeta a fines de los 80, Another brick in the Wall y dándole paso a un grupo de chicos que “discutían” con el maestro gigante conectados con la lírica de la canción. Llegó el momento de Mother, esta vez tocada y cantada en solitario por Waters, con la particularidad de un video de fondo donde se lo mostraba de joven cantando la misma canción simultáneamente. Sin dejarnos respirar, llegó la seguidilla de temas más voladores del disco hasta el momento en el que aparece “Omaha” en Don´t leave me now, otro monstruo representativo del show. La primer parte termina con el fin de la construcción de la pared en Good bye cruel world despidiéndose junto al último ladrillo.

Un Roger imponente, tanto como su show

Con un sonido cuadrafónico jamás visto en Argentina, con un despliegue teatral mezclado entre marionetas, actores, monstruos y un chancho gigante volando por todo River, siguió la segunda parte del show, como se esperaba, con Hey you. A un suspiro lo seguía el escalofrío, y un boquiabierto se quedaba mudo entre canción y canción. Llegaba el turno de Bring the boys back home, un tema que desde su naturaleza es emotivo porque habla de los niños que nunca regresaron de la guerra, retratado con los nombres en toda la pantalla. Luego dio paso a Comfortably Numb, otro de los picos más altos dentro de la ya exagerada altura del show. Roger en su rol de actor, en la mitad del famoso punteo que antes hacía el gran David Gilmour, golpea la pared dando paso a un efecto 3D repleto de colores y creando la ilusión de que rompió toda la estructura. En todo River se escuchó “wooooow” mostrando la magnitud del efecto.

El show empezaba a mostrar sus líneas finales pero nada ni nadie podía hablar aún. No se podía contar lo vivido, no habían palabras, sólo se escuchaban murmullos mientras transitaba la parte más rockera del show de la mano de Run like hell, Waiting for the worms y Stop.

Llega el momento para algunos esperado y para los menos conocedores la sorpresa más grande del show: la caída del muro. Como en la película, en el final de The trial se escucha una muchedumbre diciendo “tear down the Wall”(derrumben la pared) y lo construido se derrumba a la vista de todos. Cae ladrillo por ladrillo todo lo que anteriormente había sido armado sumado a los efectos 3D que hacen sentir que se cae todo el escenario. Un shock emocional no apto para cardíacos que casi deja al público haciendo flamear la bandera blanca rindiéndose ante tan dimensión.

Terminó un conjunto de shows que es increíble vivirlo e imposible de explicar, que shockea en el mejor de los sentidos, que enmudece al más charlatán y hace vibrar al más frío. Un espectáculo tan conceptual y magnífico que al salir quedas con la mente cansada. Terminó lo que para algunos era un sueño imposible de cumplir que se convirtió en un sueño cumplido. Roger Waters pasó por Argentina dejando en claro que fue el cerebro creativo de Pink Floyd, que con su personalidad vocal estremece a cualquier ser vivo y por supuesto, a dejar una marca histórica a nivel mundial que por suerte, fue en nuestro país.

Un muro que ni ésta foto explica