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Monocien y los cuerpos celestes: un viaje progresivo por caminos allanados

Dice la historia, que unos científicos estaban haciendo un trabajo en una isla japonesa y ven que un grupo de monos estaban comiendo batatas. Desperdiciaban la mayoría del fruto porque estaban llenos de arena de playa y no querían comerlos. Entonces, este grupo de científicos le enseñan a uno de los monos a lavarla y luego comerla. Pronto todo el grupo aprende a hacer esto con la batata y a la vez se empezó a estudiar que, en otras islas, que no tienen comunicación con esta primera, grupos de monos empezaron a hacer lo mismo. Esta anécdota científica, motivó a un grupo de amigos, a que la abstracción de su música, coincidía con esa historia porque llegaba a todos. Cuando muestran su música ya no les pertenece, y aunque nunca veas a quien le ha llegado, saben que van a estar agradecidos, que algo están haciendo para las personas que los escucharon. Ellos son: Monocien y los cuerpos celestes.

Una banda mendocina que nació en 2015 de la mano de Luis Cuesta (guitarra y voz) que empezó a juntarse a tocar con Gerónimo Flores (primer baterista), después contactaron a un amigo de ellos, Juan Pablo Inzirillo (bajo y coros) y así empezaron. Cuentan que hubo excelente química desde el principio, pero Gero se fue a vivir a España y es donde entra Salvador Bucolo (batería) a ser parte estable de una banda que empezaría a llamarse “Monocien y los cuerpos celestes” un tiempo después.

Portada del disco

Hoy, este trío progresivo de Mendoza, lanza su primer disco. Grabado el 17 de Febrero de 2018 en vivo en Marfil Estudio y masterizado por Martín Filas. El disco cuenta con 5 canciones que si bien mantienen un estilo de rock progresivo, recorren diferentes climas setentosos en momentos, noventosos en otros, pero siempre con una muestra de virtuosismo instrumental que no pasa desapercibida. El disco abre con Oeste, una aplanadora rockera que remite directamente a las épocas de Pescado Rabioso, con una base de bajo y batería perfectamente sincronizada acompañando a una guitarra más suelta que decora la voz. La sigue Nada es perfecto, una canción que arranca con un blues rockero muy crudo, pero se transforma en una balada indie que endulza antes de volver a su base blusera. Le da paso a Liberanos, un rock creciente que hace viajar hasta al más frío con melodías floydianas. Cabe destacar que el disco tiene canciones largas, con muchos cambios climáticos y estéticos que recorren largos caminos de diferentes épocas de la historia del rock, siempre con un sello auténtico de la banda como en Caída libre, su penúltimo tema que abre la puerta a Buda mono, un rock oscuro, progresivo, con pasajes de algunas melodías del heavy metal.

Monocien y los cuerpos celestes se lanza al escenario con un discazo bajo el brazo que piensan tocar por toda la provincia y abrir cabezas. Estén atentos, hay rock para rato en Mendoza.

Escuchen y disfruten:

Por Jero Frustaglia