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Los Colores de la Luz, lo nuevo de Pezdragón


Pezdragón, la versátil banda de rock mendocina integrada por Valentín Suarez Duek en voz y guitarra, Roberto Piña en bajo, Gustavo Corti en batería, Luis Puppo en guitarra y coros y Mauri Jara en la teclas, acaba de lanzar su nuevo material discográfico el cual puede escucharse en Spotify. El álbum se llama Los colores de la luz y es una estela de melodías que demuestran una gran influencia de distintos estilos musicales y subgéneros del rock. Pezdragón es una banda ecléctica en estilo pero marcada a fuego por un sonido particular y trabajado y una lírica que abraza el cosmos en su sentido más salvaje y primitivo. Tiene un encanto inestable y armónico al mismo tiempo.
El disco tiene una magia y una gracia singulares que lo hacen fácil de escuchar desde el comienzo hasta el final. Si bien comienza con un ritmo alegre y entusiasta en Danza Sagrada particularmente este tema no encaja muy bien con el resto de las canciones en cuanto a estilo musical (la letra está en armonía con el resto) ya que del segundo tema en adelante el disco es más homogéneo, en su estilo. Más arriba me referí a lo ecléctico en cuanto a la fusión de estilos y no a la estética conceptual del disco; y también, porque el disco en general tira hacia lo oscuro y místico en canciones como Vela en el Mar y Ninja. Sin embargo, Danza Sagrada resalta y sobresale por esa diferencia y se convierte sin lugar a dudas en el hit del álbum. Su letra dice: “En el campo seríamos felices, en las tardes, montaña, río y sol. Por las noches veríamos el cielo, que nos habla a millones de años luz. Dejaríamos para siempre la ciudad. Hay tanta gente, cemento y confusión. Volveríamos al estado natural. Y bailaríamos una danza sagrada” Los arreglos de guitarra y los riffs y los pasajes instrumentales le dan cierta identidad experimental al grupo de manera tal que esa búsqueda constante en la lírica de rescatar al hombre de la vorágine del consumismo y volver al
estado natural de las cosas hace que letra y música se fusionen en un grito, en un llanto de súplica y alerta a la humanidad para que esta tome consciencia y se despoje lentamente de lo material.
Como bien dije la fusión resalta bastante y María la más romántica y bailable tiene acentuados rasgos melódicos que rozan lo árabe y lo andaluz.
América es una explícita crítica a la conquista española y un canto que llama a rescatar las raíces de los pueblos originarios, de aquellos aborígenes, mayas, aztecas, incas, y su cultura; una canción melancólica pero con garra
que fusiona muy bien el rock con la canción latinoamericana, ya sobre el final de la canción aparece un arreglo de quena sutil y mágico que envuelve el tema como para remarcar la defensa del espíritu de los primeros habitantes de nuestra tierra.
Escaleras, muestra la parte más inquieta y cambiante, ya que en ella tañen melodías más poperas y el estribillo sea quizá el más pegadizo, es una canción de un sonido más brillante y resplandeciente.
Para resumir el álbum es un puñado de canciones del corazón marcadas por una lírica optimista ligada a la naturaleza y a la esencia del ser humano.
Cosmonauta, cierra el disco y propone que nos imaginemos saltando al universo, a ese cosmos del que somos parte. Destaca un pasaje en el que el rap toma las riendas del tema y el fraseo suave y cálido dice: “Llevo dentro la
semilla de un ser divino y el horizonte me guía para sembrar destino”.
Por: Martín Reynals