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Lisandro Aristimuño: Hundidos en lo azul

01El pasado sábado 24, se abrieron los telones del escenario del auditorio Ángel Bustelo en Mendoza, para dar paso a un universo de melodías instrumentales y programadas: Lisandro Aristimuño se presentó en vivo y deslumbró al público mendocino una vez más, acompañado de su poderosa banda “Los azules turquesas“.

Cuerdas y percusiones, sonidos electrónicos, prolijos arreglos y una puesta en escena lumínica que generó un ambiente atrapador, por momentos onírico y por momentos oceánico, hizo que se sumergieran las 1500 almas que colmaron el Auditorio Ángel Bustelo: grandes, jóvenes, y también niños, lo que el rionegrino manifestó como una alegría, ya que su música, confesó, es para todas las edades.

06Junto a su banda, con diversas vertientes de tiempos y espacios durante las casi tres horas de show, el cantautor brindó un vibrante recorrido por sus cinco discos, transportándonos a ese mundo Azul Turquesa de su universo sonoro, repasando repertorio de “Ese asunto de la ventana” disco cargado de poesía que escribió sobre una ventana; pasando también por “39°“: un álbum luminoso y de texturas armónicas. Las canciones de “Las crónicas del viento” nos arrullaron con sus aires sureños de lo que el viento le ha contado a Lisandro en la Patagonia; y por supuesto relució su último trabajo discográfico “MUNDO ANFIBIO“, obra que ya cuenta con un Premio Gardel.

Éste último disco tiene una compleja construcción con minuciosos arreglos e invitados de lujo como Ricardo Mollo, Hilda Lizarazu y Boom Boom Kid; pero trae consigo además una importante concepción, la cual tiene raíces en varias cuestiones, principalmente quizás en el nacimiento de su hija, lo cual le hizo al artista replantearse sobre el futuro y sobre lo que estamos haciendo los seres humanos con la Tierra, sobre el sistema que nos consume y la falta de conciencia hacia la naturaleza. Explicó además que el nombre del álbum nace de la idea de que desde nuestra concepción, en el útero de nuestras madres, todos venimos del agua. Para compaginar estas dos ideas, la canción que abre el disco dice casi al final: “Oh, mi amor, todo el mundo sale del agua, y tal vez, sabio es el que riega una pequeña flor“.

05La calma de su voz abrió el recital con “Tu nombre y el mío“, y el tren de luz siguió con “Por donde vayan tus pies“. En todo momento, y como es identificable de Lisandro, le cantó al amor, así la lista de temas continuó con “Perdón” y “Pozo“, dándole cada vez más profundidad a ese mar sonoro. A la vez no dejó de darnos aire con su música para elevarnos y llegar hasta las nubes, “Pluma“, seguido de “Anfibio“, “Azúcar del Estero” y “Lobofobia“.

En esta oportunidad, Lisandro se mostró conversador y transparente, contando anécdotas y puntos de vista personales, trazando un lazo de intimidad y afecto con el público, con total naturalidad, generando risas y momentos reflexivos. En “How long” hizo una introducción manifestando su incomodidad ante el sistema, en el que debemos “pagar por todo”, la locura de que partes de la tierra tengan “dueño” y uno no pueda tirarse a disfrutar de la naturaleza en alguna lagunita del sur, con lo que concluyó que la laguna es de todos, el agua es nuestra. Gustavo Cerati estuvo presente en la noche, “Avenida Alcorta” formó parte del setlist del cantautor, quien luego de hacer el cover pidió que entre todos le mandáramos fuerza con un gran aplauso: “Para que despierte ese ángel eléctrico, lo necesitamos muchísimo”.

Siguieron “Para vestirte hoy” y “Elefantes“, dos temas gloriosos de su repertorio al hilo. Cuando llegó el turno de “Green Lover“, hizo referencia a que si estamos vivos tenemos que agradecerle a las Abuelas de Plaza de Mayo; y para seguir con su encanto, le dedicó un tema al pueblo mendocino que el público siguió a coro, “Me hice cargo de tu luz“. Sin dudas se hizo cargo, la entrega fue infinita, y el público lo percibió y respondió con ovaciones y hasta gritos de amor de algunas seguidoras.

02ABC“, “Blue“, “Azules Turquesas” fueron parte también del show. No faltó el zapateo audaz y atractivo de Rocío Aristimuño, ni los momentos de trance orquestales y los arriesgados de experimentación, ni el emotivo instante en el que señalando al cielo Lisandro cantó fuerte “llevo a Luis cantándole al sol“.

“La sensibilidad es lo único que el sistema no puede agarrar”, asegura el artista autogestionado, que cerró la noche con “Es todo lo que tengo y es todo lo que hay” y “Canción de amor“. Fue una noche atemporal que dejó retumbando la sensación de flotar, detuvo el tiempo, nos acercó a todos, nos unió. Ese ser azulado que es Lisandro Aristimuño, que respira por el amor y exhala música, que se anima a jugar desafiando con acordes en un mundo en el que las agujas del reloj nos persiguen y corretean, es de las personas que conmueven y que da tranquilidad saber que existen, y su razón de querer volar contagia a otros y nos invita no sólo a explorar con atención su universo musical si no también a soñar y dejarnos llevar en sus aguas.

Por Candelaria Efe / PH: Pablo Donna