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Let it bleed : El comienzo del sonido stone

Si bien Mick Jagger y Keith Richards se conocían desde la primaria, los Rolling Stones comenzaron realmente cuando Richards, en su cotidiano viaje de tren, se encontró con un Jagger de pantalones cortos que llevaba un puñado de discos del sello Chess (sello de blues) los cuales pedía por correo a Chicago. Desde ese momento y para siempre, surgió una amistad musical que se basada principalmente en el amor por los sonidos negros y el rhythm and blues americano.
En sus comienzos, con el liderazgo del fascinante Brian Jones, quien nombró a la banda en homenaje a una canción de su ídolo Muddy Waters, los Stones tardaron en afirmarse. A pesar de ser nombrados de entrada como los chicos malos del rock and roll, les costó mucho trascender sus orígenes de adictos al blues de Chicago y forjar un sonido reconocible. Al mismo tiempo, se sentían opacados por la abundancia de sus competidores de Liverpool quienes álbum tras álbum, además de cosechar adeptos por todo el mundo, lograban mantener un sonido característico basado en las ideas del tándem Lennon/McCartney.
Por eso, no fue hasta su disco de 1969 Let It Bleed (Déjalo sangrar) réplica sarcástica al Let It Be (Déjalo ser) de los Beatles, cuando nació el verdadero sonido Stone: guitarras sucias, ritmos pesados y riffs insolentes, que se condimentaban con las salvajes y sexuales interpretaciones de Jagger.


Aunque ya habían esbozado algo en su exitoso single (I Can´t Get No) Satisfacción y en Aftermath, su primer disco de composiciones propias, Let It Bleed llegaba no sólo para redefinir el sonido Stone, sino también para redefinir la palabra rock.
La producción de este disco, que hoy sirve de ejemplo para miles de bandas que inician su carrera, comenzó en medio de turbulentas relaciones entre los miembros de la banda y una etapa de crisis existencial para el conjunto británico. Ya en 1967, luego de ser acusados por el periódico británico The News of the World de consumir LSD, Mick Jagger y Keith Richards habían sido arrestados por la policía británica. Al año siguiente, durante la grabación del álbum que duró desde Noviembre del 68 hasta Noviembre del 69, pasó absolutamente de todo.
Si sumamos los habituales problemas de drogas de Richards, las permanentes discusiones con su representante Allen Klein, y las famosas excentricidades de Jagger, quien se entramó en una aventura amorosa con Anita Pallenberg (pareja de Richards), el panorama para los Stones no era para nada favorable. Para colmo de males, el multifacético Brian Jones era expulsado de la banda por su progresiva adicción a las drogas, muriendo un mes más tarde en la piscina de su casa. Era un momento delicado. El futuro de sus majestades satánicas estaba en peligro.
Sin embargo, a pesar de todo lo sucedido, Jagger y compañía pudieron enfocarse nuevamente en su trabajo y terminaron entregando un disco absolutamente brillante, cargado de dulzura y emoción.
En reemplazo de Jones, apareció el guitarrista Mick Taylor, quien a pesar de participar solamente en un par de canciones, fue en gran parte el culpable de este nuevo sonido de la banda; Taylor venía de tocar con John Mayall & the Bluesbreakers, y traía consigo un arsenal de trucos de guitarra dispuestos a embellecer los clásicos riffs de Richards.
Además, como condimento especial, aparecía el trabajo del productor Jimmy Miller, quien dotó de una mayor crudeza el sonido del quinteto británico, acercándolo a pautas más rockeras que en su primer etapa con Andrew L. Oldham.
El disco abre con la apocalíptica “Gimme Shelter”, una canción inspirada en la guerra de Vietnam que habla sobre asesinatos y violaciones. Después se suceden con un estudiado orden de aparición: “Love In Vain” (cover del tema de Robert Johnson), “Country Honk”, una versión country del sencillo del grupo “Honky Tonk Women”, la enérgica y punzante  “Live With Me”, que versaba sobre las costumbres desagradables de los miembros del grupo, y “Let It Bleed”, que trataba el tema del apoyo emocional con alusiones al sexo y a las drogas.
La segunda cara del álbum abría con “Midnight Rambler”, inspirada en la historia del estrangulador de Boston, Albert De Salvo. Seguía con “You Got the Silver”, destacada por ser la primera canción cantada en solitario por Richards, la muy rockera “Monkey Man” en la que Jagger grita: “todos mis amigos son yonquis”, y la eternamente delicada “You Can’t Always Get What You Want”, que contaba con hermosos arreglos de viento y la colaboración del coro London Bach Choir.
En su portada, se puede ver a los cinco miembros de la banda sobre lo más alto de una torta de boda. Debajo de ellos, aparece un neumático, una pizza, el panel de un reloj y una lata de cinta magnética, todo esto sobre un tocadiscos en el que se está reproduciendo Let It Bleed. Como curiosidad, en el interior del álbum se puede leer la siguiente recomendación: “Esta grabación debería reproducirse con un volumen elevado”.
Con los años, luego de ser proclamado por la crítica como la obra maestra de su discografía, Let It Bleed, ayudado por sus sucesores e impecables Sticky Fingers y Exile On Main Street, transformaría a los Rolling Stones en la banda de rock and roll más grande del mundo.
De esta manera, ese disco que empezó en medio de un clima asfixiante y desolador para la banda, terminó por convertirse en el disco del cambio, el disco de la definitiva masificación del sonido Stone. O por qué no, en el disco que redefinió la palabra Rock.