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Fuerza Bruta: los 5 sentidos a merced de una noche inolvidable.

¿Cómo hacer para describir lo que pasó la noche del 1 de Noviembre en Arena Maipú? Realmente es complicado contarles un show que lo tiene todo, es una bolsa de sensaciones que involucran a los 5 sentidos en su máxima expresión.

El viaje de Fuerza Bruta arranca desde el ingreso: la gente entra toda junta a una especie de cubo creado entre cortinas negras donde no hay nada más que música para ambientar. Empieza a crecer la expectativa cuando el humo entra a la sala, la gente se mira como sin saber qué pasa, pero nada sucede. La música sigue subiendo el clima y el humo cada vez es mayor, pero nada pasa hasta que las luces se apagan justo a la hora marcada. 5 Minutos pasadas las 9.30 comienza un relato con luz tenue que, sin dejar de lado la expectativa creada, previene ante los sucesos que van a venir.

Es importante destacar cómo nace la idea de tremenda producción audiovisual a fines del 2003. Diqui James y Gaby Kerpel, ambos fundadores de De la guarda, se embarcan en un nuevo proyecto en el que anhelaban mantener la búsqueda creativa, motivación e innovación. Y la verdad que lo lograron desde todas las aristas que se lo mire, así que volvamos al show.

Con una serie de efectos de iluminación, el viaje que propone el espectáculo contiene gran interacción con el público. Los actores se mezclan entre la gente haciéndose notar la presencia en todos los rincones del lugar. Juegan, gritan, bailan y animan a la gente sin dejar bajar la emoción ni una milésima de segundo. Es envidiable la energía que transmiten. Hacen mover a las 900 personas para las que está planteado el show, de un lado hacia otro, formando parte del mismo, rotando las partes del espectáculo en los diferentes rincones del lugar y claro, la gente tiene que seguirlos. Es importantísimo dejarse llevar en este tipo de despliegues.

Pero llega una de las partes más impactantes: un techo transparente en el que los bailarines, actores y animadores (porque no se los puede llamar sólo actores) comienzan a hacer figuras con agua sobre el público. Entre luces, flashes y una música que siempre acompaña a la perfección, el techo juega a la par de todos. Sube, baja y se deja tocar con las manos de lo bajo que llega en algunos momentos.

Como les contaba al principio, es muy difícil explicar con palabras la inmensa estimulación de todos los sentidos a la vez que propone el director. Mirás, tocás, escuchás, olés y hasta quizás algún dichoso, se liga un beso de las bellas actrices.

Fuerza Bruta es una máquina del tiempo que te traslada, quieras o no, a otro mundo. Un mundo de alegría y vitalidad donde todo pasa en el aquí y ahora. Fuerza Bruta es la definición perfecta de HOY. No es teatro del futuro, no es una obra que se repita una y otra vez exactamente igual que en el pasado. El tremendo despliegue del show deja muy en claro que es un fenómeno inevitable de muchos años de trabajo logrados sin falencias, con una coordinación perfecta entre actores, ayudantes de escena y por supuesto, el público.

La innovación de cada movimiento del show ha permitido que trascienda a nivel mundial, teniendo la posibilidad de recorrer el universo para mostrar en Nueva York, Lisboa, Madrid, Berlín y muchísimos países de todo el planeta, la creatividad de Fuerza Bruta y todos los que la componen.

“Todo concluye al fin, todo termina” decía Tanguito y anoche no fue la excepción. Pero escapándole un poco a contarles detalles para que los que puedan ir, vayan, les comento que terminó en una fiesta. Un festejo final con clima de boliche y todos los participantes de Fuerza Bruta entre el público sin dejar de animarlos.

La vuelta a casa fue como si hubiese sido uno de los actores, cómo si hubiese corrido, saltado, gritado y parado bajo una lluvia de emociones.

Pero claro, porque así fue.

 

Fotos y cobertura: Jerónimo Frustaglia