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El Éxito

Mucho se podría hablar sobre el éxito, palabra de tantos significados y que ha signado los últimos tiempos de la humanidad en todos los ámbitos, pero yo quisiera referirme al éxito en la música, al que muchos creen excluyente, o sea “si no tenés éxito no existís”.
Los músicos empezamos a sufrir a esta maldita palabra desde muy temprano en la vida, familiares y amigos que preguntan: “¿seguís con la guitarrita? ¿y en qué trabajás?”. Los primeros tiempos son difíciles, preparar algo para exponerlo en público es algo muy estresante, conseguir un lugar, el sonido, las luces y que además ¡vaya gente a ver lo que hacemos! En esas épocas el éxito es poder hacerlo, hacer música y no importa nada más porque eso solo vale la pena, aunque el común de la gente opine “a vos te tendría que ver un Tinelli” y uno no pueda explicarles que lo que hacés ¡a Tinelli no le interesa! En una segunda etapa, el éxito empieza a ser la cantidad de gente que va a verte y lo que esa gente dice: “¿cómo puede ser que fulano es famoso si canta casi tan mal como vos?” o “¡la verdad es que ustedes suenan bastannnnte bien eh!!” y los consejos que te hacen llegar: “¡¡vos tendrías que hacer algo más pegajoso nene!!” … a esta altura el éxito esta en manos de ¡¡quién sabe quien!!

Pero el tiempo pasa y si uno, a pesar de todo esto, todavía uno, no desistió (porque… por otro lado nos dio un pequeño “plus” con las chicas y cierta admiración de los amigos) comienza a profesionalizarse, y el éxito empieza a mirar más arriba: uno quiere tocar en tal o cual lugar, festivales, fiestas provinciales, la tele, y entonces el éxito está ahí: lograr llegar a los grandes escenarios y poder decir: “yo compartí escenario con tal”, lo cual es cierto, con la salvedad que “tal” ¡tocó seis meses antes en ese escenario!.
En esta etapa los medios de comunicación hacen la diferencia, y uno le avisa a todo el mundo que le van a hacer una nota en una FM del barrio a las tres de la mañana o compra cinco ejemplares del diario el día que sale un comentario de una línea que nos nombra o ¡¡lo máximo!!: vas a tocar un tema en la tele en un programa que va grabado y lo pasan a las nueve de la mañana, y a la mitad del tema te encajan los títulos y la publicidad encima de la cara porque “en la tele el tiempo es tirano”.
Curiosamente a medida que pasa el tiempo, el éxito siempre esta más allá, avanzamos pero ¡el éxito sigue estando lejos!, aún habiendo logrado hacer música propia con cierto nivel. Ya tocando por ahí y ganando algún dinero, el éxito sigue lejano, tal vez por que parece instalada la idea de que conseguirlo significa vivir en una mansión, tener mucho dinero, vivir con excentricidades, guardaespaldas, autos lujosos y todo eso que hacen los “famosos”, los exitosos, y uno sucumbe ante ese pensamiento. Tal vez porque no se puede escapar al comentario: “y ¿cómo te va con la música? ¿te da buena plata?” La maldita palabra “exito” nos persigue todo el tiempo y aunque pareciera que llegamos ¡cada vez está más lejos!
Pasa el tiempo y uno vuelve a mirar el camino recorrido, las buenas, las malas, cada toque, los temas viejos, el aplauso, los ensayos, las madrugadas de vuelta con los amigos músicos y si la experiencia nos hizo más sabios, se da cuenta que aquella primera motivación era la correcta: “hacer música”. Para el músico, hacer música es el éxito, no la plata que se pueda ganar con ello, ni la fama que se pueda obtener. Todo puede pasar o ser efímero, pero el placer que nos produce tocar un instrumento, sacarle sonido, crear con él, ejecutar esa obra, recibir el aplauso o el reconocimiento del público, los momentos compartidos con los pares, eso es el verdadero éxito y no tiene que ver con números de ninguna índole. Puede ser que ganemos mucho, que ganemos poco, que nos vayan a ver muchos,  que nos vean pocos… la matemática no podrá nunca expresar lo que sentimos cuando se acelera el corazón al subir a cualquier escenario grande o chico, tomamos nuestro instrumento y alguien cuenta: “un, dos, tres,”.

por Negro Fiat.