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No hay Santo que se salve de la aplanadora

Divididos aplanó EL SANTO

IMG_5778byrPasadas las 22.45 hrs del pasado sábado, entró la banda liderada por Ricardo Mollo al escenario del Estadio El Santo. Algo nos decía que iba a ser una noche especial, pero no sabíamos bien qué era lo que nos deparaba el show de Divididos.

Para hablar del power trío más importante del rock nacional habría que dividir la reseña en capítulos: Uno para Diego Arnedo, otro Para Catriel Ciavarella y por supuesto, otro para Ricardo Mollo, pero vamos a intentar no dejar pasar ningún detalle de lo que son capaces de crear estas bestias de la música.

Diego Arnedo, se refugia en un costado con su bajo para hacer estragos. Conecta ritmos “imposibles” para algunos, que los hace ver fáciles para él. Es el que menos llama la atención a primera vista, sumiso y callado va desplegando un arsenal de acordes a toda velocidad que hacen sonar su bajo como una filarmónica de cuerdas. Catriel Ciavarella, de apenas 32 años, es una máquina de ritmos que no se saber de dónde puede sacar tanta energía para entrar al escenario y empezar a tocar sin parar. Hace sonar su batería de tal forma que a veces, desconfiás de lo humano que puede llegar a ser tal sonido. No descansa, no frena ni cuando Ricardo Mollo habla con el público. Se encarga de mantener expectante a todos los presentes casi sin dejar silencios entre cada uno de los temas que van recorriendo. Su líder y legendario Mollo, hace años que no necesita descripción para comentar lo que es capaz de hacer. Cada día canta mejor, cada vez se lo ve más tranquilo y suelto con su público y por supuesto que con su guitarra hace lo que le plazca. Parece tener conectadas las neuronas con los dedos y cada melodía que despliega no necesita ser premeditada. También nos deleita con un desfile de guitarras de todas las marcas, colores y sonidos que usa en las diferentes canciones.

IMG_5796byrCon esta necesaria introducción, paso a contarles lo que se vivió esa noche en el Santo. Con su ya conocida “aplanadora del rock n´roll”, Divididos no se guardó nada esa noche del sábado. Enfrentando a más de 4.000 personas con su pared de sonidos tan particular que hace temblar hasta al más duro y hace bailar hasta al que odia la danza, aterrizaron en el escenario con un aplastante repertorio en el que no sólo recorrieron su discografía, sino que también parte de lo que tocaban con su histórica banda Sumo.

El show que dan estos genios del rock lo hacen parecer tan fácil que tiene pinceladas de ensayo. Empieza alguno de los tres con un ritmo, que se mezcla con el de al lado y el tercero se engancha con total perfección. Eso puede sonar una obviedad, pero normalmente esa conexión se hace con “jams” que luego de un par de minutos se convierte en el tema real que le seguía a la lista prevista. También, en el medio de los temas, suelen combinar con melodías de canciones reconocidas de la historia de la música por las que pasaron algunos temas de David Bowie, The Doors, Pappo, Luis Alberto Spinetta, entre otros; que luego volvían a convertirse en la canción del setlist de Divididos.

IMG_5819bynDesde aquel “Amapola del 66” que los ex Sumo no tienen nada nuevo que ofrecer, pero lo que cambia en sus shows es la forma en la que presentan cada uno de sus repertorios, que por supuesto, va cambiando en cada llegada a la provincia. Con una idea de tocar hasta desintegrarse, no se detienen por más de 2 horas y media mientras muestran distintos clásicos de Divididos: “El 38”, “Amapola del 66”, “Mantecoso”, “Paisano de Hurlingham”, “Alma de budín”, “Narigón del siglo”, “Elefantes de Europa”, “El perro funk”, “Hombre en U” y más.
Este sábado en El Santo no apareció ese sonido folclórico suele caracterizar las presentaciones de la banda. Fue todo rock, con un breve “descanso acústico” que armó la banda en un set de canciones relativamente tranquilas como para calmar a las fieras: “Spaghetti”, “Pepe Lui”, esta última versionada con un sólo de guitarra exquisito de Mollo.

IMG_5829El placer que implica escucharlos en vivo en cada uno de sus recitales,  es porque Ricardo y compañía, convierten su show en una ceremonia sobre el escenario y hacen un ritual perfecto para aplastar a los presentes. Y ésta no fue la excepción. Con un cierre arrollador y abandonando sus últimas energías, nos dejaron sin piernas hasta para volver al estacionamiento del auto. Todavía cuesta explicar cómo hacen estas tres bestias para rockear como hace 25 años atrás. Gracias Divididos, es un placer haber sido aplanado una vez más.

Por Jerónimo Frustaglia