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Deep Purple y su clase magistral en el Bustelo

Por Federico Laspada

Difícil será contar lo que pasó la noche del 19 de octubre en el auditorio Bustelo sin hacer uso y abuso de todos los adjetivos calificativos que se me puedan ocurrir.

Para empezar, hay que destacar la convocatoria, que casi colmó las instalaciones. Una vez adentro, pasadas las 22, se apagaron las luces del lugar y los teclados de Don Airey comenzaron a dibujar la intro de la inmensa “Highway Star” y a partir de ese momento se adueñaron de la noche y del público, que enloqueció. Porque seamos sinceros, si alguien nos decía diez años atrás que Deep Purple vendría a Mendoza a tocar en un auditorio. ¿Qué le hubiéramos respondido? Mínimo nos hubiéramos reído y lo hubiéramos tratado de loco. Luego de escuchar ese himno del hard rock, y de comprobar realmente que estábamos frente a estos legendarios británicos, siguieron sucediéndose los clásicos, de casi toda su extensa discografía como: “Hard Lovin’ Man” del disco In Rock, “Strange Kind Of Woman” y “No One Came” del disco Fireball, “Knocking At Your Back Door” y “Perfect Strangers” del álbum del mismo nombre, “Hush” de su disco debut Shades Of Deep Purple, entre otros.

Es para destacar la actitud y predisposición de los músicos para con el público, ya que Steve Morse no paraba de sonreír mientras desplegaba esa mezcla de talento y buen gusto con su guitarra, si hasta le regaló las melodías del cumpleaños feliz a un fan entre el público. A Ian Gillan se lo vio y escuchó en buena forma, bailando, y haciendo participar a la audiencia en varias ocasiones, Glover cumplió una excelente performance desde su bajo, y hasta tuvo espacio para lucirse en un solo muy entretenido que terminó siendo la intro de “Black Night”. El tecladista, Don Airey, nos cautivó en cada una de las canciones que se sucedieron, tanto en las intros, como en esos colchones sónicos, en los que no paraba de meter sonidos y su solo fue memorable porque lo comenzó con los primeros sones de aquel clásico de Ozzy, “Mr. Crowley” y lo terminó con la emocionante “Adiós Nonino” de Piazzolla.

Párrafo aparte se merece el único miembro original de la banda, el baterista, Ian Paice. Descomunal trabajo en los parches, demostrando la soltura, el swing y los contratiempos de un eximio baterista de jazz y el golpe poderoso, propio de un rockero como él.

Si se puede destacar un momento único de una noche más que especial, ese será el que comenzó con el simpático de Morse jugando con su guitarra, mientras dejaba escapar pequeños fragmentos de clásicos del rock, como “Sunshine Of Your Love” de Cream, o “Stairway To Heaven” de Led Zeppelín entre algunos otros, hasta que llegó el riff más conocido de la historia del rock, allí comenzó a sonar “Smoke On The Water” y explotó el auditorio que acompañó a coro a Gillan en cada estrofa. Sin dudas una lección de calidad, de profesionalismo, de humildad y por sobre todo de música. Después de este 19 de octubre del 2011, los que estuvimos presentes podremos decir orgullosos: Yo vi a Purple, y en Mendoza.