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Cuentos de rock: PENÉLOPE

waiting-for-train-in-rain-2560x1600 (1)[1]Dicen en el pueblo que el fanatismo de su madre por aquella canción le terminó por dar a Penélope su nombre de pila, el mismo que amó desde el primer momento, así como amó también aquella canción, al igual que su madre, quizás más. Y de ella se fue enamorado día tras día, como se enamora uno de las cosas, en las pequeñeces. Tararearla en el desayuno, usar vestidos de domingo, incluso su bolso de piel marrón que tanto adoraba, todo era motivo para amarla cada día más. Y un buen día se enamoró Penélope también de un muchacho, el mismo que dejó el pueblo una tarde de domingo, tal y como su canción lo presagiaba, dejándola a la espera de su regreso, e invitándola a vivir en carne propia su canción. Y así entonces Penélope esperó, se ilusionó con los silbidos lejanos de trenes, y aguardó en la estación, en su banco de pino verde, como lo decía su canción, a la espera de un caminante.
Y dicen en el pueblo que el caminante volvió, la encontró en su banco de pino verde. La llamó: “Penélope, mi amante fiel, mi paz,…mírame, soy tu amor, regresé…” Y Penélope lo miró, y vio en él al hombre que tanto había esperado, lo amó de nuevo, tal y como lo había amado hasta el día en que se habían separado, y entonces dijo: “no eres quien yo espero”. Porque por mucho que amara tanto Penélope a su caminante, mucho más amaba a su canción.

Por Peter Cubillos