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Cuentos de Rock: EL SABUESO

elvisOh, hijo. Lo sé, no es fácil estar enamorado. Nunca lo será a menos que ella te corresponda. Cuando yo tenía tu edad había una chica que era lo más importante que había en mi vida. Recuerdo cerrar los ojos de noche y rezar pidiendo que si había un terremoto, murieran todos en California menos ella y yo, inclusive mis padres. Así de rendido estaba.
No puedes olvidar la primera vez que ves al amor de tu vida. Yo aún la recuerdo a la perfección. Estábamos en el primer año de preparatoria, en el primer día de clases, y yo como de costumbre llegué tarde por tener que acompañar a tu abuelo al hipódromo a ver si ese maldito caballo ganaba de una buena vez. Me senté en el único banco libre que quedaba, justo detrás de ella, y créeme hijo, no fue casualidad. Perdí la noción de las horas, de los días, de todo. Jamás mi madre me había visto ir a la escuela con tantas ganas, y es que no quería perderme un minuto de verla.
Oh….la hubieses visto hijo, con su cabello suelto, sus relucientes dientes con frenos, y su mochila llena imágenes de su cantante favorito. En todas partes escribía su nombre, en todos sus cuadernos escribía las letras de sus canciones. Lo que ella era para mí, él lo era para ella.
Por supuesto que yo no me di por vencido y durante meses, durante años, la estudié y aguardé por mi oportunidad con paciencia, como un sabueso. Elvis_Presley_Jailhouse_Rock
Comencé a vestirme y a peinarme como su cantante favorito, sin ser tan evidente, pero acercándome bastante a su look. Estás loco amigo. –me repetía a cada rato Mark, mi compañero de banco. En el segundo año tuvimos que pasar a recitar un poema en la clase de literatura, y yo recité una canción de su ídolo, advirtiendo que ella seguía con su boca cada palabra que yo pronunciaba. A fines de ese año soborné a un compañero para que cambiáramos de amigo invisible, y así poder regalarle su disco favorito.
Para el baile de graduación pensé en invitarle, pero jamás habíamos hablado más que unas pocas palabras intrascendentes. Mi oportunidad aún no se presentaba.
El tema del baile era disfrazarse como algún famoso, y aproveché la oportunidad para ir disfrazado del famoso cantante que a ella tanto le gustaba. A decir verdad creo que ni siquiera me vio, tan absorta estaba ella con el muchacho que la había invitado, mientras yo sentía que se me partía el corazón en mil pedazos.
Mis padres quisieron que viera a un especialista, pues decían que tenía una obsesión, pero ellos jamás entendieron lo que es estar realmente enamorado.
Luego del colegio la perdí de vista. Continué mis estudios en la Universidad de Davis, y ella fue a Boston. Unos meses más tarde volé a Boston tan sólo para verla, y mi cabeza explotó cuando la vi caminar por el campus de la universidad, de la mano de un muchacho robusto. Creí que todo estaba perdido, sentí que mi oportunidad se desvanecía sin siquiera reconocerla, sentí que ya no valía la pena vivir, e intenté terminar con todo.
Unos años más tarde el tío Mark decidió casarse, y yo le rogué que la invitara a la boda. Él se rehusó por completo y dijo que yo era un demente, pero terminó por acceder días más tarde cuando le prometí que yo pagaría por la luna de miel completa. Y entonces la volví a ver…
Bailaba desenfrenada, tan hermosa como antes. A penas al verla supe que esa era mi oportunidad, y no la podía desaprovechar. Me acerqué y la saludé rogando que me recordara. ¡Jim! –exclamó al verme. Mi corazón dio un salto. Hablamos y bailamos durante un rato, y luego de la boda la invité a tomar unos tragos a un pub. Ella aceptó. Yo le agradecí a Dios.
elvis11Fuimos hasta un lugar a pocas cuadras, recordando épocas de colegio y riendo. Nos sentamos en una mesa del fondo y ordenamos unos tragos. Cuando por fin el alcohol hizo su trabajo y ella fue hasta el tocador, yo me acerqué al DJ y le pedí que en unos minutos hiciera sonar uno de sus temas favoritos. Ella estalló de emoción al oír aquella canción y bailamos, bailamos toda la noche.
Ya casi estábamos por volvernos cuando un guiño del destino, o quizás del DJ que seguía atento nuestra historia, hizo que sonara su balada favorita, la misma que yo había recitado tiempo atrás en la escuela, la que ella había recitado conmigo en silencio. Yo me acerqué a ella y la tomé de la cintura para bailar, ella apoyó su cabeza en mi hombro, y al cabo de unos segundos me dijo: ¿Sabes? Siempre has tenido un aire muy familiar para mí. Como si te conociera de otra vida o algo parecido. Yo me estremecí por dentro. Le canté al oído el estribillo y luego la besé. El resto es historia.
No sé por qué pones esa cara de sorprendido. Tu padre tenía buenos movimientos en su época. Ahora es tiempo de que dejes de llorar, y bajes antes de que nos metas en problemas a los dos. Tu madre tiene la comida servida hace diez minutos. ¿Ya te sientes mejor?
-Sí papá, gracias.
-De nada Elvis.

Por Peter Cubillos

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