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Cerebro de Mono festejó sus diez años de trayectoria

El jueves pasado 28 de diciembre, cerca de la medianoche, en el mítico Teatro Bar Los Angelitos, la banda mendocina de punk rock, Cerebro de mono, comenzó lo que será parte de una serie de festejos y shows para celebrar una década consagrada al rock´n roll.

Pese al denso calor y las intensas luces de los reflectores que sobre el escenario caían como una marea de aire tórrido, Silvio Mafferra (voz y guitarra rítmica), Sebastián Campos (batería), Gato Cifuentes (bajo) y Emiliano Hernández (primera guitarra), se subieron a las tablas para sacudir al público con una buena dosis de canciones que hablan de temas sociales, de la amistad, el amor, y cosas del espíritu y el corazón.

Repasaron canciones viejas como De vuelta al barrio del disco Mañanas de Gloria y luego siguieron con canciones de su penúltimo trabajo discográfico llamado Juventud! como Reloj que según Silvio “habla de los cambios y los giros que uno da en la vida”.
Para conmemorar su intenso camino por la escena del punk rock nacional, presentaron una nueva canción que se llama Monos Salvajes y lanzaron un vino al marcado que lleva el nombre de esta canción. El vino, es un malbec joven de 2016 elaborado por el reconocido enólogo Matías Michelini. En la etiqueta, puede leerse la letra del tema y, al escanear un código con el celular, se puede escuchar Monos Salvajes en Spotify.
Luego, tocaron canciones de su último disco: Buenas intenciones que le da el nombre al álbum, Fuera de servicio y Siguiendo estrellas.

Fue un show breve pero enérgico, un tema detrás de otro, sólo pararon cinco minutos para tomar un trago ya que entre el calor y el esfuerzo físico que requiere el punk para ser ejecutado se hace difícil no transpirar y sentirse uno agobiado.

El público, manso y tranquilo, sentado a las mesas del bar, cantó junto a Cerebro de mono y el grupo, que se destaca por ir al frente y por un fuerte mensaje realista y cargado de positivismo, se llevó sus merecidos aplausos después de cada canción y cada acorde y cada rasguido y cada tónica presionada y cada baquetazo y cada palabra pronunciada melódicamente con rigor y con pasión.

Por: Martín Reynals
Fotos: Cristian Hernández Gioliello